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Arena do Morro

Cualquier diseño integra obligatoriamente diversas variables, condensa en un resultado diferentes requerimientos, supera restricciones y contradicciones a la vez que potencia posibilidades. Un proyecto de arquitectura es, además, un diseño a medida para un determinado lugar y contexto social. Un edificio, si es exitoso, debe resolver todo lo anterior, con la contradicción (¿o mejor llamarle desafío?) de que el propio edificio cambia con su presencia las condiciones originales. Finalmente, por si lo anterior fuera poco, los usuarios y sus demandas cambian con el tiempo, así como cambia también la sensibilidad con la que se observan y juzgan sus formas y materiales. El gran edificio será aquel que también logre adaptarse y mantenga su vigencia expresiva, evitando la obsolescencia programática y formal.

Este preámbulo, que podría aplicarse a cualquier caso, también nos deberá servir para analizar al Arena do Morro, gimnasio polideportivo diseñado por el estudio Herzog & de Meuron (H&dM), localizado en el barrio Mãe Luiza de la ciudad de Natal, en el estado brasileño de Rio Grande do Norte. El edificio forma parte de un proyecto urbano llamado Visão sobre Mãe Luiza (Visión sobre Mãe Luiza), cuya autoría también pertenece al consagrado estudio suizo. Ambos diseños fueron donados por H&dM, mientras que la construcción fue costeada por la Fundación Ameropa, perteneciente a una empresa, también suiza, del rubro de los granos y los fertilizantes. Ameropa y H&dM ya tenían una experiencia conjunta, cuando en 2001 los arquitectos construyeron en Binningen la sede central de la empresa.

Si tener un profundo conocimiento de las condiciones en que se realiza un trabajo es fundamental para alcanzar buenos resultados, avancemos con la descripción de la situación previamente existente en el lugar. Mãe Luiza es un barrio popular con características de periferia, pero localizado en un enclave muy especial, cercano al centro de la ciudad y enfrentado al Océano Atlántico. Al sur y al oeste está cercado por la reserva Parque das Dunas, un área de protección de arenales y bosque nativo, y al norte por barrios de alta gama. Un faro de mediados del siglo pasado es su principal atracción turística, y su verticalidad y blancura contrastan con el abigarrado colorido de las casas, en constante proceso de construcción.

Pero quizá lo más notable de este barrio sea la presencia y actividad de sus fuerzas sociales, así como su interacción en beneficio de sus habitantes. En 2006, el Centro Sócio-pastoral Nossa Senhora da Conceição realizó un seminario para pensar el futuro desarrollo de la zona; partiendo de las conclusiones de aquel encuentro, y con la colaboración del municipio, el estado, H&dM y el financiamiento de la fundación (que actúa en el área hace más de 20 años), se llegó en 2009 a la realización del proyecto global, y particularmente la construcción del gimnasio polideportivo inaugurado en 2014, en un lote adyacente a la escuela estatal Dinarte Mariz. Dentro del estudio suizo, el arquitecto Tomislav Dushanov fue el responsable por el proyecto.

El terreno, una faja paralela al mar, rectangular contra el edificio de la escuela y con una pronunciada punta en el extremo opuesto, contaba con una estructura existente de un antiguo proyecto para techar una cancha. El uso de esta estructura, además de anclar el proyecto a una preexistencia, permitió mantener una altura excepcional para el barrio. También habilitó la construcción de modelos del techo a escala 1:1, el cual requirió un ajuste en su estructura perimetral luego de testear su reacción a los fuertes vientos del lugar. Otros materiales también fueron probados en obra, como los bloques de hormigón, fabricados por un productor local, o el piso de monolítico, permitiendo el ajuste de sus coloraciones.   

Paralelamente a la construcción los líderes comunitarios crearon una comisión gestora que realizó seminarios para elaborar el proyecto político y pedagógico, así como la agenda de acciones a desarrollar en el gimnasio. Los habitantes de la zona pudieron visitar junto a las autoridades la obra en construcción. Fomentando la participación ciudadana se propuso un concurso para la creación del nombre del proyecto: Arena do Morro fue la propuesta de un joven de 16 años, y hace alusión (no exenta de ironía) a el estadio Arena das Dunas, construido para la copa de football realizada en Brasil el año pasado. 

Yendo al análisis del proyecto arquitectónico, la idea principal parece estar en la generación de un gran techo que cubra toda la extensión del terreno, para lo cual fue necesario prolongar la estructura existente. Este techo se resuelve de manera sencilla: se trata de chapas de metal, de color blanco, colocadas de forma escalonada en fajas paralelas a la calle, con un espacio de ventilación e iluminación entre cada una de ellas. Aunque la técnica constructiva es extremadamente simple, el resultado final, al cruzar la trama de la cubierta de estructura regular con el terreno de forma irregular, es profundamente sugerente. Más neutro contra la escuela, su expresividad máxima se alcanza en la esquina, donde el techo parece perder piezas, se deshilacha por así decirlo. En este punto, el de mayor dramatismo si se quiere, el proyecto propone el acceso principal al edificio, así como a un mirador ubicado en el primer nivel.

El resto de los planteos del proyecto se pueden resumir en dos acciones básicas: un pavimento continuo de hormigón, que se moldea según la topografía (en declive hacia el sur), a la vez que adapta su función: es piso, tribuna para 420 espectadores o se pliega para convertirse en escalera; y una serie de muros curvos elaborados con las piezas prefabricadas ya nombradas, que definen los límites del edificio contra la calle, y arman los recintos que sirven de salas de danza, talleres, y los vestuarios. La combinación en la posición de los bloques define el grado de apertura de los espacios que limitan.

Mientras que el piso, en su continuidad, establece una base de uso público, una plaza, las curvas de los muros acompañan al usuario en su ingreso, llevándolo desde el exterior hacia el interior, como una Cinta de Möbius. 

La interacción entre las trazas rectilíneas del techo blanco, abstracto y liviano, y la base pesada compuesta por el pavimento y los muros, potencia ambos extremos expresivos, haciendo más clara cada una de sus características, gracias al contraste entre ellas. Conviven en el edificio lo tectónico (entendido como lo articulado, que no muestra la transmisión de las cargas hacia la tierra, en este caso el techo) y lo estereotómico (entendido como la construcción asociada a la naturaleza, la cueva, aquí el piso y los muros). Para entender rápidamente este concepto es útil la comparación entre el Arena do Morro y el conocido proyecto de Jørn Utzon para la Ópera de Sidney, con su plinto pétreo y sus techos livianos como velas. 

La dualidad expresiva es tan potente, que por un momento nos parece que el basamento pesado de hormigón siempre estuvo allí, y que es el techo liviano la única construcción nueva. Esta capacidad de restringir la imagen del gimnasio al techo, esta sensación de novedad y permanencia, es una de los aciertos más importantes del proyecto en su relacionamiento con el entorno. El blanco representa lo nuevo, o mejor, solo lo nuevo puede ser blanco; y es también el color más ausente en el lugar (salvo por el faro), ya que pocas de las viviendas locales reciben terminaciones, y en el entorno cercano prima el color rojo del bloque de tierra o ladrillo. Por otro lado el hormigón representa lo público y duradero, lo inacabado también, puesto que se completa con el uso.

Tanto las formas como los materiales cargan con su historia, reflejan un determinado posicionamiento cultural (e ideológico), generan empatía o rechazo. No es casual que se haya optado por materiales sin un acabado refinado y técnicas de construcción sencillas, no sólo desde el punto de vista del presupuesto acotado o el mantenimiento futuro, sino también como una manera de comunicación básica y horizontal con los vecinos del barrio. Las formas curvas no son patrimonio de la arquitectura brasileña, pero es imposible no pensar en Oscar Niemeyer al ver la planta de este edificio, también los elementos perforados están vinculados a la arquitectura colonial del Brasil, y fueron retomados por su arquitectura moderna, en manos de Lucio Costa, por citar un ejemplo.

Se aprecia también un cuidado especial a la escala de la intervención, a su tamaño relativo al granulado del barrio, un tejido donde predominan las pequeñas casas individuales. La discontinuidad material, tanto del techo como de los muros de bloques perforados, achica perceptivamente el tamaño del edificio. La liviandad de la cubierta, sumado a su estética de montaje, le otorga un cierto aire transitorio o cambiante, lo que relativiza el impacto de su presencia: desde lejos podemos percibir al gimnasio como una gran carpa armada para la ocasión.

La neutralidad formal del edificio, su imagen de gran galpón (tanto mirado de afuera como percibiendo su espacio interior), es también un acierto, a la hora de pensar en sus funciones actuales y sus posibles adaptaciones programáticas. Gracias a su flexibilidad espacial y significación para el barrio, además de funciones deportivas el Arena do Morro ya ha albergado actividades diversas: entre otras, talleres y muestras audiovisuales, campañas de cultura y salud.

El proyecto urbano para la zona planteaba la realización de un eje transversal al mar, que pasaría entre el gimnasio y la escuela Dinarte Mariz, y acabaría en una plataforma que mira a la costa. Por otro lado proponía también una vía verde para la calle de acceso a la zona, la Alameda Padre Sabino. Paralelamente la Secretaría de Educación se comprometió a reformar el edificio de la escuela. Salvo la vía verde, cuyas obras comenzaron a fines del 2013, ninguna de las otras ideas han sido plasmadas. Actualmente existe también la propuesta para un nuevo parque municipal, que ocuparía 1.5 hectáreas entre el Arena do Morro y el mar y que busca incluir a Mãe Luiza en el circuito turístico de la ciudad; en este momento se preparan las bases para un concurso público, mientras se está en busca de financiación.

En junio de 2014, dos meses después de la inauguración del edificio, fuertes lluvias produjeron importantes deslizamientos de tierra, y decenas de casas desaparecieron en pocas horas, junto con un largo tramo de calle. Este episodio sirve para mostrar las carencias de infraestructura que aún existen en el lugar, y la fragilidad de las humildes viviendas locales. La sola presencia del gimnasio, por obvio que sea decirlo, no soluciona todos los problemas que enfrenta el barrio. Sin embargo, además de proveer actividades de deporte, recreación y cultura (lo que redunda en calidad de vida, mejor de la autoestima colectiva y la seguridad), la experiencia de la participación de las fuerzas sociales desde la definición de las necesidades hasta la gestión del gimnasio deja un aprendizaje profundo.

Si el lector llegó hasta aquí, verá que en el conjunto de este artículo se han abordado los temas planteados al inicio: las variables del diseño, el proyecto como un diseño específico, y el edificio como una entidad cuya vida dura más que las demandas que lo hacen necesario. El Arena do Morro, a partir de lo visto, reúne las condiciones de un gran edificio; puede ser también, si se me permite la imagen, una locomotora, que tire de unos vagones que poco a poco irán siendo llenados colectivamente. Un nuevo faro, que muestra una dirección deseable, y posible. 

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Alemán en Archithese – Architektur und Soziologie, Zurich, Suiza

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