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Latin america in construction: architecture 1955-1980 – Exposición en el MoMA

Cuando en 1955 el MoMA de New York presentó la exposición Latin American Architecture since 1945, curada por Henry-Russell Hitchcock, lo que probablemente más atraía las miradas de la nueva metrópolis de la cultura eran los rasgos de originalidad y frescura que mostraba la arquitectura moderna, en países que iniciaban, algunos más otros menos, su desarrollo.  Aquella muestra, que solamente contaba con fotografías, proponía una lectura rápida del panorama Latinoamericano en un período relativamente pequeño.

Sesenta años más tarde, el mismo museo propone una mirada sobre la arquitectura de América Latina: Latin america in construction: architecture 1955-1980. Como se deduce por las fechas, la muestra actual se plantea como una continuación, al menos en una lectura temporal, de la exposición anterior. También se observa, sin salir aún del título, que el período de estudio es mayor.

Pero son más las diferencias que plantea esta exposición – que se inaugura el próximo 29 de marzo y va hasta el 19 de julio – y que prometen una mirada más intensiva sobre una realidad amplia y compleja. Comenzando por la curaduría: además de Barry Bergdoll, curador del Departamento de arquitectura y diseño del MoMA y Patricio del Real, curador asistente, fueron convocados los reconocidos profesores Jorge Francisco Liernur, de Argentina, y Carlos Eduardo Comas de Brasil.

Siguiendo con las diferencias, este caso contará con la exhibición de más de quinientos documentos originales, entre los que se encuentran dibujos, fotos de época y objetos varios. Además, se encomendó a la Universidad de Miami la realización de veinte maquetas de edificios seleccionados, y otros modelos de detalles a gran escala, éstos a cargo de la Universidad Católica de Chile.

Dos trabajos complementarios, uno audiovisual y otro fotográfico, fueron encargados especialmente para la muestra: el primero, una serie de clips elaborados por la cineasta Joey Forsyte, a partir de videos de época; el segundo, consta de un ensayo fotográfico contemporáneo, a cargo del fotógrafo de arquitectura Leonardo Finotti. Para este trabajo, que se integra a la exposición, y abre el catálogo de la misma, el fotógrafo brasileño visitó una decena de países Latinoamericanos.

Además del mencionado catálogo, para el cual el decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Doc. Arq. Gustavo Scheps, escribió el capítulo destinado a Uruguay, Latin America in construction contará con la edición de un libro que reúne una selección de textos. En paralelo a la muestra está programada una serie de mesas redondas bajo el título: Learning from/ in Latin America.

Luego de un preludio que presentará – en dos salas – la situación de las tres décadas anteriores a 1955, la exposición, que incluye proyectos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, hará foco en el proyecto de Lucio Costa para la ciudad de Brasilia, y en las ciudades universitarias de Caracas, de Carlos Raúl Villanueva y de México DF, diseño de Mario Pani y Enrique del Moral. La soluciones en vivienda colectiva son también tema central en Latin America in Construction.

De nuestro país, en la selección sobresalen obras del ingeniero Eladio Dieste, con sus iglesias en Durazno – con destaque en el portfolio fotográfico del catálogo – y Atlántida. La última, fotografiada por el mítico Julius Shulman, fotógrafo estadounidense, quien también fotografió el Seminario arquidiocesano de Montevideo, obra de Mario Payssé Reyes, lamentablemente muy desconfigurado en nuestros días.

Especial destaque tendrá también el Urnario de Cementerio del Norte, proyectado por el arquitecto Nelson Bayardo. Esta obra, poco conocida por el público no especializado, será mostrada en maqueta, dibujos y fotografías. El Complejo Bulevar, ejemplo notable de conjunto habitacional de gran escala, así como del cooperativismo de la década del 70, también tendrá un lugar importante tanto en la exposición como en el catálogo.

No parece casualidad que en este momento el MoMA preste especial atención a América Latina; esta será la cuarta exposición enfocada en nuestro continente, realizada en la ciudad de New York en el último año. Latin America in construction de alguna forma se suma a Beyond the supersquare (Bronx Museum), Urbes mutantes: Latin American photography 1944-2013 (International center of photography) y Under the same sun: art from Latin America Today (Guggenheim).

Cabe preguntarse, en un contexto en el que la crisis económica global parece estar cómodamente instalada, si estas miradas apuntan a comprender y, quizá reelaborar, soluciones surgidas en el “patio trasero” (que por cierto son, en muchos de los casos, también reelaboraciones de propuestas europeas de inicios del siglo XX), o si por el contrario reproducen miradas paternalistas del centro hacia la exótica periferia.

Por lo pronto, para responder esta pregunta habrá que embarcarse en un costoso viaje, o contentarse con los comentarios ajenos, y comprar los libros por internet.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en la diaria, Montevideo, Uruguay

http://ladiaria.com.uy/articulo/2015/3/con-vista-desde-el-norte/

La diaria, edición 24/03/15

La diaria, edición 24/03/15

Casa Boaçava

En un terreno con fuerte pendiente en São Paulo el estudio Una Arquitetos proyectó una casa que radicaliza las características de sus espacios sociales, privados y de servicio. Mientras que los últimos dos se desarrollan en opacos volúmenes de hormigón de diferente tonalidad, el área social es el vacío entre los prismas y el pliegue del piso.

En una ciudad abigarrada como São Paulo las fugas visuales, dadas por una topografía irregular, descomprimen los espacios urbanos y permiten, en algunos casos, proyectar los interiores mucho más allá del límite del terreno. Es el caso de la Casa Boaçava, diseñada por el estudio Una Arquitetos, ubicada en un lote alto y alargado, y con un desnivel de seis metros con el vecino posterior, que no interrumpe las vistas lejanas.

Parece claro que el proyecto comenzó a partir de ahí: llevar la vista del fondo del terreno a lo largo de toda la planta baja, evitando toda interrupción visual. Esta intención, la del espacio contínuo desde la calle y a través de toda el área social, nos recuerda los proyectos más emblemáticos de la llamada Escuela Paulista, la cual se caracteriza, entre otras cosas, por la fluidez entre el espacio público y los interiores, incluso en proyectos residenciales.

¿Pero, cómo lo logran? A partir de una separación neta entre los espacios sociales y los de servicio, el proyecto redibuja el terreno, por así decirlo. Todas las funciones transparentes se ordenan en cascada: el comedor primero, y la sala de estar con un techo más elevado, gracias al pliegue del piso, y luego el espacio exterior techado. Por otro lado, las funciones opacas se esconden en un bloque macizo de hormigón, que se hace a un lado, se saca de la vista. Este prisma, teñido de ocre a partir del agregado de óxido de hierro en el hormigón, acompaña la fluidez del espacio: nos busca en la entrada y nos guía hacia el fondo, señalando la vista a la ciudad.

La misma división tajante la observamos cuando comparamos el espacio vacío de planta baja y la caja pesada de la planta alta. Mientras en el nivel de calle se promueve la socialización, en el nivel superior se protege la privacidad. Incluso las ventanas de los dormitorios, abiertas con perforaciones muy precisas, se proyectan hacia balcones propios, concebidos como pequeños patios elevados. Otra vez se refuerza la privacidad, a la vez que se procura la mejor orientación del sol. En el centro del volumen de dormitorios, se ubica un estar íntimo, que cruza todo el espacio vinculando frente y fondo, y desde donde se accede al solarium del techo.

Otro aspecto de la Casa Boaçava a señalar es su solución estructural, y con este punto volvemos a toparnos con la Escuela Paulista, y su búsqueda del espacio a través de una estructura compleja y expresiva. El prisma elevado se sostiene de forma asimétrica: de un lado se apoya en el bloque ocre, del otro en dos columnas de hormigón. Esto desestabiliza visualmente al proyecto, ya que las columnas, por contraste, casi no se perciben. La caja de dormitorios, que encuentra su estructura en sus muros perimetrales, no se toca con los muros medianeros. En definitiva, el prisma al flotar hace visible al espacio de planta baja, le otorga volumen.

La escalera lineal, que no interrumpe el espacio, es otro acierto del proyecto. En su diseño se evitan los elementos verticales, lo que refuerza su liviandad extrema. Este dibujo nos recuerda las escaleras del arquitecto húngaro Marcel Breuer, autor de las sillas “Cesca”, que vemos en el comedor. Además de muebles de Eames o Saarinen, aparecen objetos de diseñadores brasileños, como el sillón “Paulistano” de Paulo Mendes da Rocha, o la mecedora “Rio” de Oscar Niemeyer.

El estudio Una Arquitetos (conformado por Cristiane Muniz, Fábio Valentim, Fernanda Barbara y Fernando Felippe Viégas) comenzó su historia en 1996 y rápidamente se destacó entre los jóvenes arquitectos del momento. El pasaje a la madurez encuentra a este grupo de diseñadores en su mejor momento, combinando en sus realizaciones frescura, oficio y convicción.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Axxis #250, Bogotá, Colombia

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Refugio mínimo

MINIMOD es un producto de vivienda prefabricado, diseñado por el estudio MAPA y montado, en su primera versión, frente a un lago en el sur de Brasil. Además de su relación precisa con el lugar, este pequeño refugio sustentable, propone una experiencia sensorial en su vivencia del paisaje.

MAPA fue creado por la fusión de los estudios MAAM de Uruguay y Studioparalelo de Brasil; a partir de algunas primeras colaboraciones, el equipo Montevideano y el estudio con base en Porto Alegre, pasaron a ser uno solo, pero manteniendo cada uno su base de trabajo local.

El proyecto MINIMOD propone una exploración sobre la vivienda prefabricada y su relación con el lugar en el que se inserta. MAPA diseñó un producto flexible en cuanto a sus partes y terminaciones, y adaptable programáticamente. La producción en fábrica optimiza los recursos y materiales, apunta a la estandarización, lo que a largo plazo permite reducir los costos y no produce desperdicios en el terreno; en definitiva un sistema altamente sustentable.

La primera versión de MINIMOD, la que aquí se muestra, fue montada en fábrica, y luego transportada e instalada en Maquiné, en el estadio de Rio Grande do Sul. El sitio, al borde de un lago, se caracteriza por su superficie plana y una vegetación de bañado. Al fondo se perciben algunas suaves ondulaciones, lo que termina de dar forma al lugar.

En este ambiente bucólico y delicado, el proyecto consiste en la colocación (literalmente) de un objeto evidentemente artificial y ajeno al lugar: el módulo prefabricado es transportado en un camión grua, y depositado en el terreno. El prisma de geometría perfecta, de caras bien definidas que remarcan sus aristas, refuerza su caracter objetual. El color casi negro incrementa la abstracción del volumen, así como su liviandad.

Pero miremos ahora qué pasa con el sitio luego de la colocación del MINIMOD: el lugar, con su fragilidad ya descrita, continúa intocado, y la presencia de la pequeña caja oscura sólo intensifica las características del sitio. Esta convivencia con independencia, por decir de alguna manera, beneficia a ambas partes, y como resultado, la naturaleza existente nos parece ahora más natural que antes. El objeto artificial se nos presenta como un mueble, en una posición transitoria, y pasible de ser removido totalmente, dejando el terreno en su estado original. Además, su techo verde, que ayuda a regular la temperatura, restituye la porción de suelo ocupada por la casa. 

Hablando sobre la vivencia que propone MINIMOD, MAPA nos explica que el proyecto se concibe como “el refugio primitivo reinterpretado contemporáneamente, que más que un objeto, busca ser una experiencia”. En contaste con el exterior oscuro, el interior está forrado con madera clara, y las grandes aberturas inundan de luz el espacio. Este refugio mínimo protege, pero también integra: en el extremo, área de dormir, la vista del lago aparece enmarcada, y el paisaje se percibe como imagen proyectada; en el centro, espacio de estar, el interior se vive como prolongación del exterior una vez plegados los paneles laterales.

El equipamiento fijo fue todo diseñado por el estudio, y hecho en la misma madera que forra las paredes. El mobiliario nos informa del tipo de uso del espacio y también agrega notas geográficas; la mecedora Eames Plastic Chair descansa sobre un cuero de vaca (referencia a los gaúchos, nombre de los habitantes de la zona), mientras que la silla BKF (o Butterfly), nos sugiere flexibilidad en su propia libertad de uso.

Mientras que un nuevo MINIMOD ya está en producción, disfrutamos de su versión actual, en especial en su relación con el paisaje y su propuesta como experiencia sensorial, a la vez que su fabricación y montaje aseguran una buena relación con el medioambiente.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Axxis #249, Bogotá, Colombia

 

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Staggering Storeys

One could be led to think that a strong concept of form embodied in a compelling physical presence might push aside other elements of architectural design, such as a building’s function or its relationship to the surroundings. Although this is sometimes the case in contemporary architecture, it is not so with the office building at Rua João Moura 1144 in São Paulo, designed by brother and sister Pedro and Lua Nitsche of Nitsche Arquitetos.

Located between the Pinheiros and Vila Madalena neighbourhoods, the building is a creative solution by architects who successfully tackled the restrictions posed by local regulations and the peculiarities of the site, while remaining committed to function and rational design. Project developer Idea Zarvos, a company that believes architectural quality adds real value to a building, participated actively in the decision-making processes.

The site, a long strip between Rua João Moura and Rua Cristiano Viana, presented the Nitsches with a 16-m slope, the lowest point of which coincides with the bottom of a valley (and the groundwater table). Consequently, they used the first three storeys of the building for parking garages, avoiding excessive excavation.

This decision led to establishing the ground floor at the highest point of the site. It is a collective space with a dining area, breakout areas, terraces and a separate pavilion with a café. From there, the building rises 25 m, the maximum height permitted by the municipal building code.

On the entrance side, a 10-m setback softens the contrast between the large office building and the street, while also providing passers-by with a full view of the project. The terraced northeast façade, which offers the most salient image, responds to the need for sunlight to reach a villa at the centre of the block.

Concrete beams, each 12 m long, create continuous and fluid spaces, with only one fixed element, along the southeast façade, accommodating circulation and services, and freeing the northwest façade for an intervention that the architects call a ‘display for the city’. Consisting of coloured panels and reinforcing the setback, it is the work of artist João Nitsche (Lua and Pedro’s brother), with whom the architects occasionally collaborate. His decorative pattern of panels and windows corresponds to a building-code fire regulation, which states that windows should not be aligned vertically.

As seen from the Sumaré Avenue viaduct, the new office building – highlighted by its shape, size and colour – stands out as a striking addition to the neighbourhood and a stark contrast to the poorly designed contemporary architecture surrounding it. The restrictions on this building propelled its design.

author: gustavo hiriart

originally published in Mark #45, Amsterdam, The Netherlands

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Jewel Box

Home to the most sophisticated high-end shops in São Paulo, Rua Oscar Freire runs through the Jardins neighbourhood. The area’s increasing land prices make this tree-lined avenue the scene of never-ending construction work. French-Brazilian studio Triptyque calls its most recent addition to the street ‘the observatory’. Because of its height, the building takes full advantage of the site, ‘multiplying’ the amount of rentable space it offers tenants who can’t wait to move into the most desirable, most expensive spot in town.

Architects Grégory Bousquet, Carolina Bueno, Guillaume Sibaud and Olivier Raffaelli set up Triptyque in 2000. The firm has offices in São Paulo and Paris. Innovation is its hallmark. ‘We attempt to usher change into cities,’ says Bousquet, ‘through a generation of alternatives that can shape the course of history.’

And so it was that, when the real-estate developer had committed to the Rua Oscar Freire project, he put his chips on innovative design and accepted Triptyque’s proposal. The brief asked for a small commercial complex comprising three shops with direct access to the street and, on the upper levels, a restaurant, and an art gallery. The first-floor restaurant looks out over a back garden. One level higher, a roof terrace forms a public outdoor space. At that point the building starts anew, so to speak, with a suspended volume at the highest level, designed to house an art gallery.

Basing their concept on the structure of Yona Friedman’s utopian Spatial City, Triptyque’s architects erected ‘a building over a building’, as they call it, or ‘a city over a city’. Their response to the more conventional buildings on Rua Oscar Freire is a truly three-dimensional spatial structure.

Clad in stainless steel – a material that will show the effects of São Paulo’s tropical climate as time goes by – the building’s reflective surface displays partial and blurry images of the surroundings. The roof terrace, which overlooks the trees, is panelled in wood, providing an interesting contrast to the cool metallic skin.

The building looks a bit unsteady, an impression that is reinforced by a seemingly random alignment of the columns, which in turn magnifies the cantilever effect of the suspended volume. Taken together, these aspects of the project suggest both movement and growth and make the small building a micro utopia that goes beyond programme and physical limitations. It’s a project that supports Triptyque’s ideas on contemporary architecture in São Paulo.

 

author: gustavo hiriart

originally published in Mark #45, Amsterdam, The Netherlands