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About Gustavo Hiriart

Architect, architecture writer, professor at Facultad de Arquitectura (Udelar) and enthusiastic photographer.

Casa Zé en Palmela

La ciudad de Palmela, cercana lisboa, se destaca por sus paisajes naturales, y por la presencia de su castillo. Paratelier propone una pequeña y compacta casa, que aprovecha su posición para captar las vistas cercanas y lejanas. Las tablas que dieron forma al hormigón de sus muros fueron reutilizadas en el interior.

A 25 kilómetros al sur de Lisboa, la pequeña ciudad de Palmela aprovecha su situación geográfica excepcional: muy cercana a la capital portuguesa, aún mantiene sus características semi rurales, donde la dominante actividad vitivinícola convive con industrias de mediano porte. Construida en torno al Castillo de Palmela, el cual ocupa su parte más alta, ciudad y castillo dominan el valle y las vistas a la reserva Parque Natural Arrábida.

La plaza Boa Vista hace honor a su nombre: desde ella se puede observar tanto el valle Barris como el castillo medieval. En un estrecho terreno vacante que enfrenta a la plaza, Paratelier, estudio de arquitectura con oficinas en Lisboa y Roma, dirigido por Monica Ravazzolo y Leonardo Paiella, proyectó la Casa Zé. Este estudio de jóvenes arquitectos actúa frecuentemente en las áreas de arquitectura y diseño de paisaje, y de alguna forma el proyecto de esta casa aúna ambas disciplinas, ya que la construcción se integra en el paisaje del lugar, e integra asimismo las vistas del entorno en sus espacios.

Vista desde la plaza, la casa se presenta como un bloque monolítico, con apenas algunas aberturas discontinuas, que favorecen la imagen de objeto macizo. Esta contundencia se ablanda, por así decirlo, con la forma del techo a dos aguas, que informa icónicamente de su función de vivienda. Por más que el contraste con sus vecinos es notable, el proyecto procura asociarse a través de la coloración ocre y rojiza, de sus muros y techo respectivamente. Además, un pequeño patio lateral sirve también de conexión (o desconexión, mejor) con la casa de la esquina.

Todo proceso constructivo deja sus huellas; las construcciones con hormigón visto hacen del proceso su acabado final, al dejar las marcas del encofrado que le dio forma. La Casa Zé lleva este proceso aún más lejos, ya que las tablas utilizadas para encofrar los muros exteriores fueron reutilizadas, luego de haber sido limpiadas y enderezadas, casi en su totalidad en el interior. De esta manera, además de las ventajas del reaprovechamiento (económicas y de sustentabilidad) existe una correspondencia geométrica entre las marcas en el exterior y las juntas en el interior.

La imagen dura y abstracta del exterior de la casa no permite adivinar el interior cálido que se percibe apenas se entra, y el efecto sorpresa se potencia en el espacio de doble altura del recibidor, completamente forrado en madera, que invita inmediatamente a subir. El proyecto rompe  así la organización tradicional, ubicando los dormitorios en el primer nivel, abiertos al patio lateral, y las zonas de estar, comedor y cocina en el segundo nivel.

Conforme se sube, el contacto con el exterior es mayor, hasta llegar al área de relación, un espacio continuo que congrega las actividades sociales de la casa. Cada una de las aberturas que aparecen en este espacio fueron pensadas en su relación con la vista particular que se buscaba enfocar. De tal forma, la ventana que da para la plaza concentra la mirada, mientras que la que apunta hacia el valle propone una vista más amplia. Una tercera ventana permite la salida a la terraza posterior, desde la que se ve también el castillo.

Cualquier proyecto estructurado verticalmente depende de su escalera, y la escalera de la Casa Zé, construida enteramente en madera, acompasa su diseño con el criterio general de la vivienda: más cerrada en la planta baja, se abre escultóricamente en el nivel de los dormitorios hasta llegar libre a la planta superior. Observar esta mágica escalera nos deja la satisfacción de saber que aún quedan cosas por ser inventadas. 

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Axxis #255, Bogotá, Colombia

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Arena do Morro

Cualquier diseño integra obligatoriamente diversas variables, condensa en un resultado diferentes requerimientos, supera restricciones y contradicciones a la vez que potencia posibilidades. Un proyecto de arquitectura es, además, un diseño a medida para un determinado lugar y contexto social. Un edificio, si es exitoso, debe resolver todo lo anterior, con la contradicción (¿o mejor llamarle desafío?) de que el propio edificio cambia con su presencia las condiciones originales. Finalmente, por si lo anterior fuera poco, los usuarios y sus demandas cambian con el tiempo, así como cambia también la sensibilidad con la que se observan y juzgan sus formas y materiales. El gran edificio será aquel que también logre adaptarse y mantenga su vigencia expresiva, evitando la obsolescencia programática y formal.

Este preámbulo, que podría aplicarse a cualquier caso, también nos deberá servir para analizar al Arena do Morro, gimnasio polideportivo diseñado por el estudio Herzog & de Meuron (H&dM), localizado en el barrio Mãe Luiza de la ciudad de Natal, en el estado brasileño de Rio Grande do Norte. El edificio forma parte de un proyecto urbano llamado Visão sobre Mãe Luiza (Visión sobre Mãe Luiza), cuya autoría también pertenece al consagrado estudio suizo. Ambos diseños fueron donados por H&dM, mientras que la construcción fue costeada por la Fundación Ameropa, perteneciente a una empresa, también suiza, del rubro de los granos y los fertilizantes. Ameropa y H&dM ya tenían una experiencia conjunta, cuando en 2001 los arquitectos construyeron en Binningen la sede central de la empresa.

Si tener un profundo conocimiento de las condiciones en que se realiza un trabajo es fundamental para alcanzar buenos resultados, avancemos con la descripción de la situación previamente existente en el lugar. Mãe Luiza es un barrio popular con características de periferia, pero localizado en un enclave muy especial, cercano al centro de la ciudad y enfrentado al Océano Atlántico. Al sur y al oeste está cercado por la reserva Parque das Dunas, un área de protección de arenales y bosque nativo, y al norte por barrios de alta gama. Un faro de mediados del siglo pasado es su principal atracción turística, y su verticalidad y blancura contrastan con el abigarrado colorido de las casas, en constante proceso de construcción.

Pero quizá lo más notable de este barrio sea la presencia y actividad de sus fuerzas sociales, así como su interacción en beneficio de sus habitantes. En 2006, el Centro Sócio-pastoral Nossa Senhora da Conceição realizó un seminario para pensar el futuro desarrollo de la zona; partiendo de las conclusiones de aquel encuentro, y con la colaboración del municipio, el estado, H&dM y el financiamiento de la fundación (que actúa en el área hace más de 20 años), se llegó en 2009 a la realización del proyecto global, y particularmente la construcción del gimnasio polideportivo inaugurado en 2014, en un lote adyacente a la escuela estatal Dinarte Mariz. Dentro del estudio suizo, el arquitecto Tomislav Dushanov fue el responsable por el proyecto.

El terreno, una faja paralela al mar, rectangular contra el edificio de la escuela y con una pronunciada punta en el extremo opuesto, contaba con una estructura existente de un antiguo proyecto para techar una cancha. El uso de esta estructura, además de anclar el proyecto a una preexistencia, permitió mantener una altura excepcional para el barrio. También habilitó la construcción de modelos del techo a escala 1:1, el cual requirió un ajuste en su estructura perimetral luego de testear su reacción a los fuertes vientos del lugar. Otros materiales también fueron probados en obra, como los bloques de hormigón, fabricados por un productor local, o el piso de monolítico, permitiendo el ajuste de sus coloraciones.   

Paralelamente a la construcción los líderes comunitarios crearon una comisión gestora que realizó seminarios para elaborar el proyecto político y pedagógico, así como la agenda de acciones a desarrollar en el gimnasio. Los habitantes de la zona pudieron visitar junto a las autoridades la obra en construcción. Fomentando la participación ciudadana se propuso un concurso para la creación del nombre del proyecto: Arena do Morro fue la propuesta de un joven de 16 años, y hace alusión (no exenta de ironía) a el estadio Arena das Dunas, construido para la copa de football realizada en Brasil el año pasado. 

Yendo al análisis del proyecto arquitectónico, la idea principal parece estar en la generación de un gran techo que cubra toda la extensión del terreno, para lo cual fue necesario prolongar la estructura existente. Este techo se resuelve de manera sencilla: se trata de chapas de metal, de color blanco, colocadas de forma escalonada en fajas paralelas a la calle, con un espacio de ventilación e iluminación entre cada una de ellas. Aunque la técnica constructiva es extremadamente simple, el resultado final, al cruzar la trama de la cubierta de estructura regular con el terreno de forma irregular, es profundamente sugerente. Más neutro contra la escuela, su expresividad máxima se alcanza en la esquina, donde el techo parece perder piezas, se deshilacha por así decirlo. En este punto, el de mayor dramatismo si se quiere, el proyecto propone el acceso principal al edificio, así como a un mirador ubicado en el primer nivel.

El resto de los planteos del proyecto se pueden resumir en dos acciones básicas: un pavimento continuo de hormigón, que se moldea según la topografía (en declive hacia el sur), a la vez que adapta su función: es piso, tribuna para 420 espectadores o se pliega para convertirse en escalera; y una serie de muros curvos elaborados con las piezas prefabricadas ya nombradas, que definen los límites del edificio contra la calle, y arman los recintos que sirven de salas de danza, talleres, y los vestuarios. La combinación en la posición de los bloques define el grado de apertura de los espacios que limitan.

Mientras que el piso, en su continuidad, establece una base de uso público, una plaza, las curvas de los muros acompañan al usuario en su ingreso, llevándolo desde el exterior hacia el interior, como una Cinta de Möbius. 

La interacción entre las trazas rectilíneas del techo blanco, abstracto y liviano, y la base pesada compuesta por el pavimento y los muros, potencia ambos extremos expresivos, haciendo más clara cada una de sus características, gracias al contraste entre ellas. Conviven en el edificio lo tectónico (entendido como lo articulado, que no muestra la transmisión de las cargas hacia la tierra, en este caso el techo) y lo estereotómico (entendido como la construcción asociada a la naturaleza, la cueva, aquí el piso y los muros). Para entender rápidamente este concepto es útil la comparación entre el Arena do Morro y el conocido proyecto de Jørn Utzon para la Ópera de Sidney, con su plinto pétreo y sus techos livianos como velas. 

La dualidad expresiva es tan potente, que por un momento nos parece que el basamento pesado de hormigón siempre estuvo allí, y que es el techo liviano la única construcción nueva. Esta capacidad de restringir la imagen del gimnasio al techo, esta sensación de novedad y permanencia, es una de los aciertos más importantes del proyecto en su relacionamiento con el entorno. El blanco representa lo nuevo, o mejor, solo lo nuevo puede ser blanco; y es también el color más ausente en el lugar (salvo por el faro), ya que pocas de las viviendas locales reciben terminaciones, y en el entorno cercano prima el color rojo del bloque de tierra o ladrillo. Por otro lado el hormigón representa lo público y duradero, lo inacabado también, puesto que se completa con el uso.

Tanto las formas como los materiales cargan con su historia, reflejan un determinado posicionamiento cultural (e ideológico), generan empatía o rechazo. No es casual que se haya optado por materiales sin un acabado refinado y técnicas de construcción sencillas, no sólo desde el punto de vista del presupuesto acotado o el mantenimiento futuro, sino también como una manera de comunicación básica y horizontal con los vecinos del barrio. Las formas curvas no son patrimonio de la arquitectura brasileña, pero es imposible no pensar en Oscar Niemeyer al ver la planta de este edificio, también los elementos perforados están vinculados a la arquitectura colonial del Brasil, y fueron retomados por su arquitectura moderna, en manos de Lucio Costa, por citar un ejemplo.

Se aprecia también un cuidado especial a la escala de la intervención, a su tamaño relativo al granulado del barrio, un tejido donde predominan las pequeñas casas individuales. La discontinuidad material, tanto del techo como de los muros de bloques perforados, achica perceptivamente el tamaño del edificio. La liviandad de la cubierta, sumado a su estética de montaje, le otorga un cierto aire transitorio o cambiante, lo que relativiza el impacto de su presencia: desde lejos podemos percibir al gimnasio como una gran carpa armada para la ocasión.

La neutralidad formal del edificio, su imagen de gran galpón (tanto mirado de afuera como percibiendo su espacio interior), es también un acierto, a la hora de pensar en sus funciones actuales y sus posibles adaptaciones programáticas. Gracias a su flexibilidad espacial y significación para el barrio, además de funciones deportivas el Arena do Morro ya ha albergado actividades diversas: entre otras, talleres y muestras audiovisuales, campañas de cultura y salud.

El proyecto urbano para la zona planteaba la realización de un eje transversal al mar, que pasaría entre el gimnasio y la escuela Dinarte Mariz, y acabaría en una plataforma que mira a la costa. Por otro lado proponía también una vía verde para la calle de acceso a la zona, la Alameda Padre Sabino. Paralelamente la Secretaría de Educación se comprometió a reformar el edificio de la escuela. Salvo la vía verde, cuyas obras comenzaron a fines del 2013, ninguna de las otras ideas han sido plasmadas. Actualmente existe también la propuesta para un nuevo parque municipal, que ocuparía 1.5 hectáreas entre el Arena do Morro y el mar y que busca incluir a Mãe Luiza en el circuito turístico de la ciudad; en este momento se preparan las bases para un concurso público, mientras se está en busca de financiación.

En junio de 2014, dos meses después de la inauguración del edificio, fuertes lluvias produjeron importantes deslizamientos de tierra, y decenas de casas desaparecieron en pocas horas, junto con un largo tramo de calle. Este episodio sirve para mostrar las carencias de infraestructura que aún existen en el lugar, y la fragilidad de las humildes viviendas locales. La sola presencia del gimnasio, por obvio que sea decirlo, no soluciona todos los problemas que enfrenta el barrio. Sin embargo, además de proveer actividades de deporte, recreación y cultura (lo que redunda en calidad de vida, mejor de la autoestima colectiva y la seguridad), la experiencia de la participación de las fuerzas sociales desde la definición de las necesidades hasta la gestión del gimnasio deja un aprendizaje profundo.

Si el lector llegó hasta aquí, verá que en el conjunto de este artículo se han abordado los temas planteados al inicio: las variables del diseño, el proyecto como un diseño específico, y el edificio como una entidad cuya vida dura más que las demandas que lo hacen necesario. El Arena do Morro, a partir de lo visto, reúne las condiciones de un gran edificio; puede ser también, si se me permite la imagen, una locomotora, que tire de unos vagones que poco a poco irán siendo llenados colectivamente. Un nuevo faro, que muestra una dirección deseable, y posible. 

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Alemán en Archithese – Architektur und Soziologie, Zurich, Suiza

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Latin america in construction: architecture 1955-1980 – Exposición en el MoMA

Cuando en 1955 el MoMA de New York presentó la exposición Latin American Architecture since 1945, curada por Henry-Russell Hitchcock, lo que probablemente más atraía las miradas de la nueva metrópolis de la cultura eran los rasgos de originalidad y frescura que mostraba la arquitectura moderna, en países que iniciaban, algunos más otros menos, su desarrollo.  Aquella muestra, que solamente contaba con fotografías, proponía una lectura rápida del panorama Latinoamericano en un período relativamente pequeño.

Sesenta años más tarde, el mismo museo propone una mirada sobre la arquitectura de América Latina: Latin america in construction: architecture 1955-1980. Como se deduce por las fechas, la muestra actual se plantea como una continuación, al menos en una lectura temporal, de la exposición anterior. También se observa, sin salir aún del título, que el período de estudio es mayor.

Pero son más las diferencias que plantea esta exposición – que se inaugura el próximo 29 de marzo y va hasta el 19 de julio – y que prometen una mirada más intensiva sobre una realidad amplia y compleja. Comenzando por la curaduría: además de Barry Bergdoll, curador del Departamento de arquitectura y diseño del MoMA y Patricio del Real, curador asistente, fueron convocados los reconocidos profesores Jorge Francisco Liernur, de Argentina, y Carlos Eduardo Comas de Brasil.

Siguiendo con las diferencias, este caso contará con la exhibición de más de quinientos documentos originales, entre los que se encuentran dibujos, fotos de época y objetos varios. Además, se encomendó a la Universidad de Miami la realización de veinte maquetas de edificios seleccionados, y otros modelos de detalles a gran escala, éstos a cargo de la Universidad Católica de Chile.

Dos trabajos complementarios, uno audiovisual y otro fotográfico, fueron encargados especialmente para la muestra: el primero, una serie de clips elaborados por la cineasta Joey Forsyte, a partir de videos de época; el segundo, consta de un ensayo fotográfico contemporáneo, a cargo del fotógrafo de arquitectura Leonardo Finotti. Para este trabajo, que se integra a la exposición, y abre el catálogo de la misma, el fotógrafo brasileño visitó una decena de países Latinoamericanos.

Además del mencionado catálogo, para el cual el decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Doc. Arq. Gustavo Scheps, escribió el capítulo destinado a Uruguay, Latin America in construction contará con la edición de un libro que reúne una selección de textos. En paralelo a la muestra está programada una serie de mesas redondas bajo el título: Learning from/ in Latin America.

Luego de un preludio que presentará – en dos salas – la situación de las tres décadas anteriores a 1955, la exposición, que incluye proyectos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, hará foco en el proyecto de Lucio Costa para la ciudad de Brasilia, y en las ciudades universitarias de Caracas, de Carlos Raúl Villanueva y de México DF, diseño de Mario Pani y Enrique del Moral. La soluciones en vivienda colectiva son también tema central en Latin America in Construction.

De nuestro país, en la selección sobresalen obras del ingeniero Eladio Dieste, con sus iglesias en Durazno – con destaque en el portfolio fotográfico del catálogo – y Atlántida. La última, fotografiada por el mítico Julius Shulman, fotógrafo estadounidense, quien también fotografió el Seminario arquidiocesano de Montevideo, obra de Mario Payssé Reyes, lamentablemente muy desconfigurado en nuestros días.

Especial destaque tendrá también el Urnario de Cementerio del Norte, proyectado por el arquitecto Nelson Bayardo. Esta obra, poco conocida por el público no especializado, será mostrada en maqueta, dibujos y fotografías. El Complejo Bulevar, ejemplo notable de conjunto habitacional de gran escala, así como del cooperativismo de la década del 70, también tendrá un lugar importante tanto en la exposición como en el catálogo.

No parece casualidad que en este momento el MoMA preste especial atención a América Latina; esta será la cuarta exposición enfocada en nuestro continente, realizada en la ciudad de New York en el último año. Latin America in construction de alguna forma se suma a Beyond the supersquare (Bronx Museum), Urbes mutantes: Latin American photography 1944-2013 (International center of photography) y Under the same sun: art from Latin America Today (Guggenheim).

Cabe preguntarse, en un contexto en el que la crisis económica global parece estar cómodamente instalada, si estas miradas apuntan a comprender y, quizá reelaborar, soluciones surgidas en el “patio trasero” (que por cierto son, en muchos de los casos, también reelaboraciones de propuestas europeas de inicios del siglo XX), o si por el contrario reproducen miradas paternalistas del centro hacia la exótica periferia.

Por lo pronto, para responder esta pregunta habrá que embarcarse en un costoso viaje, o contentarse con los comentarios ajenos, y comprar los libros por internet.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en la diaria, Montevideo, Uruguay

http://ladiaria.com.uy/articulo/2015/3/con-vista-desde-el-norte/

La diaria, edición 24/03/15

La diaria, edición 24/03/15

Casa Boaçava

En un terreno con fuerte pendiente en São Paulo el estudio Una Arquitetos proyectó una casa que radicaliza las características de sus espacios sociales, privados y de servicio. Mientras que los últimos dos se desarrollan en opacos volúmenes de hormigón de diferente tonalidad, el área social es el vacío entre los prismas y el pliegue del piso.

En una ciudad abigarrada como São Paulo las fugas visuales, dadas por una topografía irregular, descomprimen los espacios urbanos y permiten, en algunos casos, proyectar los interiores mucho más allá del límite del terreno. Es el caso de la Casa Boaçava, diseñada por el estudio Una Arquitetos, ubicada en un lote alto y alargado, y con un desnivel de seis metros con el vecino posterior, que no interrumpe las vistas lejanas.

Parece claro que el proyecto comenzó a partir de ahí: llevar la vista del fondo del terreno a lo largo de toda la planta baja, evitando toda interrupción visual. Esta intención, la del espacio contínuo desde la calle y a través de toda el área social, nos recuerda los proyectos más emblemáticos de la llamada Escuela Paulista, la cual se caracteriza, entre otras cosas, por la fluidez entre el espacio público y los interiores, incluso en proyectos residenciales.

¿Pero, cómo lo logran? A partir de una separación neta entre los espacios sociales y los de servicio, el proyecto redibuja el terreno, por así decirlo. Todas las funciones transparentes se ordenan en cascada: el comedor primero, y la sala de estar con un techo más elevado, gracias al pliegue del piso, y luego el espacio exterior techado. Por otro lado, las funciones opacas se esconden en un bloque macizo de hormigón, que se hace a un lado, se saca de la vista. Este prisma, teñido de ocre a partir del agregado de óxido de hierro en el hormigón, acompaña la fluidez del espacio: nos busca en la entrada y nos guía hacia el fondo, señalando la vista a la ciudad.

La misma división tajante la observamos cuando comparamos el espacio vacío de planta baja y la caja pesada de la planta alta. Mientras en el nivel de calle se promueve la socialización, en el nivel superior se protege la privacidad. Incluso las ventanas de los dormitorios, abiertas con perforaciones muy precisas, se proyectan hacia balcones propios, concebidos como pequeños patios elevados. Otra vez se refuerza la privacidad, a la vez que se procura la mejor orientación del sol. En el centro del volumen de dormitorios, se ubica un estar íntimo, que cruza todo el espacio vinculando frente y fondo, y desde donde se accede al solarium del techo.

Otro aspecto de la Casa Boaçava a señalar es su solución estructural, y con este punto volvemos a toparnos con la Escuela Paulista, y su búsqueda del espacio a través de una estructura compleja y expresiva. El prisma elevado se sostiene de forma asimétrica: de un lado se apoya en el bloque ocre, del otro en dos columnas de hormigón. Esto desestabiliza visualmente al proyecto, ya que las columnas, por contraste, casi no se perciben. La caja de dormitorios, que encuentra su estructura en sus muros perimetrales, no se toca con los muros medianeros. En definitiva, el prisma al flotar hace visible al espacio de planta baja, le otorga volumen.

La escalera lineal, que no interrumpe el espacio, es otro acierto del proyecto. En su diseño se evitan los elementos verticales, lo que refuerza su liviandad extrema. Este dibujo nos recuerda las escaleras del arquitecto húngaro Marcel Breuer, autor de las sillas “Cesca”, que vemos en el comedor. Además de muebles de Eames o Saarinen, aparecen objetos de diseñadores brasileños, como el sillón “Paulistano” de Paulo Mendes da Rocha, o la mecedora “Rio” de Oscar Niemeyer.

El estudio Una Arquitetos (conformado por Cristiane Muniz, Fábio Valentim, Fernanda Barbara y Fernando Felippe Viégas) comenzó su historia en 1996 y rápidamente se destacó entre los jóvenes arquitectos del momento. El pasaje a la madurez encuentra a este grupo de diseñadores en su mejor momento, combinando en sus realizaciones frescura, oficio y convicción.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Axxis #250, Bogotá, Colombia

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Refugio mínimo

MINIMOD es un producto de vivienda prefabricado, diseñado por el estudio MAPA y montado, en su primera versión, frente a un lago en el sur de Brasil. Además de su relación precisa con el lugar, este pequeño refugio sustentable, propone una experiencia sensorial en su vivencia del paisaje.

MAPA fue creado por la fusión de los estudios MAAM de Uruguay y Studioparalelo de Brasil; a partir de algunas primeras colaboraciones, el equipo Montevideano y el estudio con base en Porto Alegre, pasaron a ser uno solo, pero manteniendo cada uno su base de trabajo local.

El proyecto MINIMOD propone una exploración sobre la vivienda prefabricada y su relación con el lugar en el que se inserta. MAPA diseñó un producto flexible en cuanto a sus partes y terminaciones, y adaptable programáticamente. La producción en fábrica optimiza los recursos y materiales, apunta a la estandarización, lo que a largo plazo permite reducir los costos y no produce desperdicios en el terreno; en definitiva un sistema altamente sustentable.

La primera versión de MINIMOD, la que aquí se muestra, fue montada en fábrica, y luego transportada e instalada en Maquiné, en el estadio de Rio Grande do Sul. El sitio, al borde de un lago, se caracteriza por su superficie plana y una vegetación de bañado. Al fondo se perciben algunas suaves ondulaciones, lo que termina de dar forma al lugar.

En este ambiente bucólico y delicado, el proyecto consiste en la colocación (literalmente) de un objeto evidentemente artificial y ajeno al lugar: el módulo prefabricado es transportado en un camión grua, y depositado en el terreno. El prisma de geometría perfecta, de caras bien definidas que remarcan sus aristas, refuerza su caracter objetual. El color casi negro incrementa la abstracción del volumen, así como su liviandad.

Pero miremos ahora qué pasa con el sitio luego de la colocación del MINIMOD: el lugar, con su fragilidad ya descrita, continúa intocado, y la presencia de la pequeña caja oscura sólo intensifica las características del sitio. Esta convivencia con independencia, por decir de alguna manera, beneficia a ambas partes, y como resultado, la naturaleza existente nos parece ahora más natural que antes. El objeto artificial se nos presenta como un mueble, en una posición transitoria, y pasible de ser removido totalmente, dejando el terreno en su estado original. Además, su techo verde, que ayuda a regular la temperatura, restituye la porción de suelo ocupada por la casa. 

Hablando sobre la vivencia que propone MINIMOD, MAPA nos explica que el proyecto se concibe como “el refugio primitivo reinterpretado contemporáneamente, que más que un objeto, busca ser una experiencia”. En contaste con el exterior oscuro, el interior está forrado con madera clara, y las grandes aberturas inundan de luz el espacio. Este refugio mínimo protege, pero también integra: en el extremo, área de dormir, la vista del lago aparece enmarcada, y el paisaje se percibe como imagen proyectada; en el centro, espacio de estar, el interior se vive como prolongación del exterior una vez plegados los paneles laterales.

El equipamiento fijo fue todo diseñado por el estudio, y hecho en la misma madera que forra las paredes. El mobiliario nos informa del tipo de uso del espacio y también agrega notas geográficas; la mecedora Eames Plastic Chair descansa sobre un cuero de vaca (referencia a los gaúchos, nombre de los habitantes de la zona), mientras que la silla BKF (o Butterfly), nos sugiere flexibilidad en su propia libertad de uso.

Mientras que un nuevo MINIMOD ya está en producción, disfrutamos de su versión actual, en especial en su relación con el paisaje y su propuesta como experiencia sensorial, a la vez que su fabricación y montaje aseguran una buena relación con el medioambiente.

autor: gustavo hiriart

publicado originalmente en Axxis #249, Bogotá, Colombia

 

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